sábado, julio 11, 2009

OFICIO DE VIVIR (Presentación del libro de Eugenia Brito, Ed. Cuarto Propio)


Al adentrarme en este oficio de vivir, me encuentro con gestos que buscan un lugar, báquicas, convulsas, que contradictorias se ocultan y ruegan. Hay un demonio que mira con sorna y sin piedad. Hay locura y oraciones lóbregas como un cuarto sin ventanas ni puertas. La mujer cortesana y barroca, teme de su divinidad, cuando el perfume ya no es sabio ni calla lo que el cuerpo excede. La confirmación de su irrealidad la sepulta.

Esta convicta con los labios extremadamente finos, transitando las heridas y la sangre, pasea por la historia oscura. El habla es una cicatriz. Estar destronada como estar destrozada en la ciega noche. Delirando ante toda ceniza, cuando las calles son una fractura que hace de todo esto una declaración agonizante. Un lodazal cubriendo el mutismo secreto, ansiadas palabras que carcomen y tallan un cuerpo sin fe. La culpa, no la pena, la irremediable culpa.

Y cincelando los embates del dolor, se escoge de pronto, al unísono, el poema que nos arrastra hacia una muralla, como la amenaza de una estocada siempre profunda y fugaz, que logra una lágrima negra atrapada en el rostro del elegido. Los labios han sido profundamente dañados, como si este acto nos traspasara al fino evento del silencio. La carne de la boca es breve, pero los labios no forman silaba alguna. La ruta del deseo es un viaje letal, ambos signos han sido clavados en una piedra. La soga y el cadalso. La joven y el cautivo, son parte de todo este sacrificio.

Un cuchillo es parte del destino final de nuestro padecer. Así esparce las muecas elegidas por tantos caminos que son valles alucinados al despertar. De este modo, se inicia una acuarela funesta y certera, ante toda esta ceremonia del estremecimiento. Todo un poema que acaricia el césped doliente y bebe del agua de las lluvias. Hay un cuerpo que florece y refleja la sombra del recuerdo. Hay dos convulsas que retiran sus pañuelos. Es nuestro el desborde, dicen, y se disculpan. El habla cesa y hay una oración para la joven, una oración que dice: busca la deriva y decórate, el olvido no te excusará.

Todo un libro como una rosa negra que aparece tras los tibios soplos del pasado. Un libro trashumante que avizora el recuerdo de todo nuestro inicio y nos invita a la conmoción de un nacimiento. Un suceso que traspasa fronteras artificiales y que vorazmente, como una jaula, nos envuelve hacia el oficio de vivir. Es hermoso hundir el brazo en el acero, hasta encontrar el hueso violáceo. Observar nuestro rostro en el espejo, calcando la mirada, como una máscara sobre la piel.

miércoles, julio 08, 2009

FUEGO CRUZADO

Panorama de la poesía chilena actual, publicado por revista VOX (Bahía Blanca, Argentina).

http://www.revistavox.org.ar/virtual_23.htm

miércoles, julio 01, 2009

SOBRE LA CIUDAD


No podría acariciar siquiera una aproximación estilística al cuadro de Marc Chagall. No podría tampoco delinear exactos referentes vinculados a la estética, la simetría, los colores sucintos, meditados y luego expuestos por el pintor. No podría, de ningún modo, referirme a todo lo que no fuera una emoción. En definitiva, no podría teorizar. Prefiero hablar “de las cosas” y no del “porqué de las cosas”. Si, es necesaria la especulación analítica, pero eso es trabajo de los teóricos.

De este modo, voy paseando nuevamente por el pasaje Lucrecia Valdés. Miro el cielo, nubes obesas, repletas de intenciones, imágenes, nada más que imágenes. Este frío pareciera contener muchas historias, pienso. Son como soplidos de vivencias pasajeras. Me voy luego a dar cuenta de que todo eso que ha pasado no lo había imaginado. No, como imaginar lo que va suceder, si todo destino es inimaginable. Como este señor que pasa en bicicleta, despotricando contra el mundo.

Ahora, estar sobre la ciudad es un poco incomodo, por lo cual se percibe. Es como volar aleteando, diciendo que estoy bien, que no se preocupen. Es un viaje extraño, de supervivencia, cuando te reflejas en los escaparates y miras esos sombreros, estufas, lienzos que avisan una promoción. Y te vas dando cuenta que este invierno no es igual a otros inviernos, que los colores de las ropas siguen siendo ocres, pero tu no eres el mismo. También piensas esto en la peluquería mientras el peluquero te pregunta “¿le dejo la patilla tal cual?”

Anoche volvió ese sueño, ese de estar en el alambre, arriba, en las alturas como Philippe Petit. Es extraña esa sensación de vacío, de último juego. De apostar todo con algo de equilibrio. Por que para no caer, cuando se mueva el alambre para todos lados, deberá existir ese equilibrio imperceptible, casi invisible, pues es parte del no caer. Cómo no caer, es la pregunta. Y la respuesta se va fabricando poco a poco, como una torre de naipes en la mesa. Esa misma tranquilidad que tensiona el momento, ese mismo talento para no desmoronarse. Y es extraño todo ese proceso de permanecer en la cuerda floja, puede ser una forma de sugerir un acontecer, un modo de vida que acepta el encandilamiento, los deseos truncos y señeros, ese volar incomodo, ese estar sobre la ciudad y permanecer atento, pausado y gozoso, pero atento.

Para esto, el invierno se hace presa y caníbal de toda vivencia definitiva. Como estar durmiendo en el aire, en un palomar que avizora momentos de calma y trasnoche, de hojas secas que entran por la ventana, mientras en la televisión dan la película de los tornados. Cuando el acto de hacer una sopa es parte de toda búsqueda, de un respirar inequívoco, de saber que todo puede estar un poco mejor, que tras esas nubes vendrá un mensaje, una señal, que no todas las formas extrañas en el cielo son amenazas latientes. Miro por la ventana, las naranjas del árbol se desploman como vencidas de aguantar.

Es así como voy pensando este invierno sobre la ciudad. Ahí van, los extraños personajes del cielo. Ella escapa y muestra con su brazo lo que puede estar por venir. Él la toma con todas sus fuerzas, para que no vaya a resbalar.
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Son un paisaje simple, lleno de conmoción.

martes, junio 30, 2009

COMO UN PUÑAL NO SIRVE DE NADA PARA MATAR PENSAMIENTOS


Voy caminando a comprar provisiones y en la esquina veo a una señora maltrecha, tomando su nariz con la mano, balbuceando: “me duele, me duele” y a unos chicos socorrerla. Pensé claramente en que había sido golpeada, quién sabe por quién. El exceso de descuido, de trashumancia, de desvelo inoportuno, ha sido clavado por estas personas de la calle. En situación de calle, le dicen. Un eufemismo, como cuando le llaman a los baches del pavimento: “evento”. Un evento desastroso, una situación de calle malformada. La vida sucediendo en edificios incendiados, tiznados de tanto permanecer en las aceras, en el polvo que se adhiere a la piel. Los ojos humedecidos, arrugas que son una cubierta de otras pieles que guardan historias del trasnoche y el padecer. Del dolor y de la risa con disfonía de aguardiente.

Es en estos estados inconexos, cuando se desborda un río en mi cabeza y nace la búsqueda de las cosas perdidas. Pensamientos oscuros, como la mano de un mecánico, dignos de sólo ennegrecer.
Pero todo arreglar será en vano, como un puñal no sirve de nada para matar pensamientos.

Tanto pensar y a la vuelta un grupo de personas bordeando a la señora que se quejaba, ya en el suelo, semi inconsciente. Señoras que dicen algo y exclaman (sus ojos son un signo de exclamación). Una fría tarde, desde lejos, en una esquina húmeda y silenciosa. Murmullos. La patrulla municipal tomando datos. Otra vez todos estos rostros formando parte de una acuarela expresionista. Observo este momento y recuerdo una escena de la película “Antes de la lluvia”. Todo esto, antes de la llegada de los alfileres precipitados.

Llegan más datos al grupo. Alguien dice el nombre de la persona que supuestamente cometió la golpiza. Voy escuchando cada vez menos mientras me voy alejando y de pronto todas estas personas, incluyéndome, somos partes de las sombras que bordean a la señora tendida en el suelo. Ella recuerda otros momentos, otra vida cuando en el conventillo la madre cocinaba una cazuela y prendía el brasero. Cuando soñaba en alcanzar esa rama lejana del árbol y escuchaba el sonido de las goteras en su pieza compartida con los hermanos. Ahora estaba tendida en el suelo, rodeada de sombras.

Ante toda desesperación, ante todo cataclismo, no queda más que dejarse llevar, como se deja llevar alguien a quien le da la corriente en el enchufe. No hay salvación, no hay escapatoria. Luego vendrá esa calma que sucede después del espasmo, esa tensa y tibia calma que no es mezquina ni discrimina. Otras caminatas serán parte de un nuevo sendero. Otra vida podrá venir, luego de estas inclemencias.

Toco y busco lugares que comiencen una nueva tranquilidad. Huelo e intuyo donde puedo entrar hacia caricias momentáneas. Ojalá no duela más eso que siempre ha dolido, pienso. Ojalá que mañana los relámpagos no encandilen ese oscuro momento de las callejuelas. Las campanas de la iglesia suenan a lo lejos.
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No saben que forman parte del final de esta emoción.

martes, junio 16, 2009

POESÍA CENTRAL 09


lunes, junio 01, 2009

VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS


“Cuando vean los ojos
que tengo en los míos tatuados”.

Alejandra Pizarnik


Vendrá así, de pronto, solo avisando la existencia de lo oculto, de ese humano abandono. Rondará el espíritu del silencio, como ahora, en este momento que acaba de pasar. Así, de esta forma, inundando tus ojos con mis ojos, como si las caminatas nocturnas fueran la sombra que atribuye otra figura, otro andar en las paredes. Figuras que se expanden, y llegan de improviso, como un gato lanzado a nuestro rostro.

Vendrá esta presencia que arrincona al miedo y lo hace temblar. Pero también estila elegancia de farol e historias de taberna como en los poemas de Cesare Pavese. Si bien es el peligro inminente el que amenaza, perfuma con lo fatal y se destaca por lo perfecto de esta fisura.

Un caminante sabe lo que conlleva el último palpitar, -me identifico con Pavese- es por eso que hago del transito señales que en los charcos se reflejan. En las veredas, mi piel húmeda atrapada para siempre en una alambre de púas, sólo por un designio exquisito. Y miro esos ojos que aparecen tras la puerta. Subo la escalera, corro, miro hacia al lado y esta ahí. Es ella, quebrando los pavimentos con los tacones, queriendo agarrar la luna de un arañazo. Me observa y me hace un guiño. Despierto.

Luego, vendrán otros poemas oscuros como una vulcanización, pienso. Vendrán esos ojos que avisan disturbio. Así los ves cada mañana cuando te inclinas sola ante el espejo. Ojos que desafían a la muerte por una misma belleza y que se ocultan bajo las sábanas en gastado bermellón. Los ojos de los cuales no se escapa, por que están mirándote en la tasca, ese lugar lleno de ruido y de gente. O tal vez, abandonados al silencio de un cuarto junto al vapor de los muelles. Es ahí donde parten estos adoquines. Mudos, llegamos al barrio.

Soplo el fósforo con el cual prendo la estufa. Hago rechinar los metales de este alambre de fuego. Leo a Pavese y mientras cierro la puerta, pienso en esos ojos que se mimetizan con las sombras del pasaje. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Junto monedas para comprar parafina, leyendo los libros de la lluvia que abandoné.
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xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPublicado en www.escaner.cl

martes, mayo 26, 2009

LECTURA EN SAN JOSÉ DE MAIPO


martes, mayo 12, 2009

DESCENTRALIZACIÓN POÉTICA / CAJÓN DEL MAIPO


miércoles, mayo 06, 2009

PARADEROS INICIALES (PRESENTACIONES + CONTRATAPA)

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Presentación de Soledad Fariña
Contratapa por Cristián Cruz

miércoles, abril 29, 2009

TALLER DE POESÍA Y EDICIÓN


lunes, abril 20, 2009

ANTE EL DOLOR DE LOS DEMÁS


A partir de este libro de Susan Sontag (Alfaguara, 2003) que analiza la fotografía de guerra en sus distintas etapas en la historia, como una sucesión de hechos que vinculan el acontecer funesto en la mantención de imágenes a la posteridad, como el desquite contra el enceguecido contar y los entreveros de una sociedad molida por el disparo enceguecedor de la ruptura, podemos observar, de pronto, en nuestro suceder cotidiano y en las personas que habitan esta ciudad, un dolor que no queríamos ver y que se esparce, como si fueran amebas lunáticas. Plantas en el patio trasero de la vida. Sucede que nos vamos poniendo desprolijos, habitantes dolientes y las ventanas apoyan este traslucido deseo.

¿Por qué vamos cayendo al pozo ciego? Qué pasa que este acaecer diario, toda esta “productividad”, es la destreza del que cae por la escalera, el fatal descenso de las piedras en el cerro. Qué pasa cuando me dices que esto es una techumbre que resbala, y que el amor no existe, quizás. La esperanza va siendo una fogata a lo lejos en el corazón. El por qué de esta guerra interna con el porvenir, es una pregunta lanzada al despeñadero.

Esta sociedad capital, siempre lejana de los pueblos del país, sabe muy bien maltratar a sus ciudadanos con fatales observaciones de marketing televisivo y de prensa. Cada una de las fotografías que bien podrían ser las que habla Virginia Woolf en su “Tres guineas “ y de la cual se adentra Susan Sontag para comenzar su libro, son sacadas de una impensada mentira avalada por ese “no darse cuenta” que siempre permite que podamos empujar al otro que espera nuestro mismo bus. El “nosotros” al cual apela Woolf, ahora toma un matiz paradigmático al no saber muy bien que es ese “nosotros”. Pues bien, ese dolor de la guerra lo traslado a ese dolor de vivir con extorsiones mentales en la vorágine de esta ciudad, en este siglo XXI, con los estados malignos y egoístas del solipsismo, del ombligismo, de la presunción de un bienestar de iglú, cuando estamos rodeados de “nosotros”.

Ahí aparece este habitante nocturno e invisible, que no comulga con la última noticia que aparece en los periódicos, ni con nada que huela a actualidad. Los sueños, son ese hombre que se disfraza de la muerte y que sale a asustar a las personas por la noche. Sirve el amor ante el dolor, claro, y para amar hay que desprenderse. El desapego también habla de cranear un atentado en contra del ego y el individualismo, de lo que yo pienso como metáfora del bienestar, que si observo esta fotografía inconclusa no la esquivo como la basura atestada del barrio. Me involucro y soy “nosotros”. Aunque nunca se pueda saber con certeza qué es un abrazo dado a las estrellas con la energía de un escritor “angurriento”, se puede llegar a alcanzar esa conciencia de la responsabilidad individual de la cual habla Dokusho Villalba en su bien trabajado libro “Zen en la plaza del mercado” (Aguilar, 2007).

Volver a esta plaza y comprender la aflicción, para fotografiarla y así liberar esta realidad, como se liberan las aves de un palomar. Volver a esta plaza en donde el sufrimiento se acepta, como se acepta esa mosca que interrumpe el almuerzo, pero que no matarás, por que se irá, se irá mientras respiras, se irá mientras no te das cuenta, pues ya has estado soñando con un nuevo momento. Volver a la plaza y olvidarse de las miserias psicológicas, pues todo es transitorio. Conversar con la señora que pasea su perro, de las plantas, que han desaparecido en el barrio.

lunes, marzo 23, 2009

PARADEROS INICIALES


domingo, marzo 22, 2009

PARADEROS INICIALES


La Calabaza del Diablo tiene el agrado de invitar a usted a la presentación del libro Paraderos Iniciales del poeta Raúl Hernández.

Esta actividad se realizará este jueves 26 de marzo a las 19:00 horas en la Sala de Conferencias de la Biblioteca de Santiago (Matucana 151, Metro Quinta Normal).

Presentaran el libro Enrique Winter y Soledad Fariña

Esperamos contar con su presencia.

LECTURA EN SAN BERNARDO

LECTURAS EN SAN ANTONIO





martes, marzo 10, 2009

DESCENTRALIZACIÓN POÉTICA EN SAN ANTONIO


viernes, febrero 27, 2009

LA DISTANCIA


“Después no veo un lugar, todo se vuelve de color”

La distancia, Suarez


En el momento que te fuiste, mis mascotas comenzaron a morir. La distancia rota, como un florero en desgracia. Las cosas lentas, como en desuso, como en extraño suceso. El abridor de latas oxidado (donde está el árbol, hay oscuridad). El espacio que queda entre un último encuentro y el vacío. A lo lejos, taciturno de callejones, en silencio, mejor en silencio, como en un mar en continua observación. En el mismo momento en que te ibas, comencé a sentir una soledad miserable. Podría ser una despedida paso a paso. Podría ser el secreto encanto de una sombra. Tus pasos, la delicia de esta sombra.

Fraccionar un instante, muriendo un poco, en la evidencia del no verse. Hay algo de estela en todo esto, que circunda el cielo para desaparecer. Porque toda presencia es preámbulo de eclipse, imagen que se escabulle como una serpiente.

Medir el espacio que hay entre las cosas, entre emociones, entre un error y el acierto. Medir la distancia desde el comienzo de una huida, como si cada milímetro fuera el exacto reloj que calcula el destiempo, el atraso inútil, los mejores ocasos de la tarde.

Y también está la tela invisible que divide los espacios, como si fuera una alfombra que invita al desalojo. Todas estas miradas siempre desde lejos, por supuesto. Porque toda distancia se mide desde la lejanía.

Ahora, una extraña sensación es el traslado de estas nuevas nubes de la ciudad. Se trasladan y mutan, así de repente. En un momento miras hacia otro lado, vuelves a mirar y han cambiado hacia otro extremo. No notas el tiempo que ha pasado, ni la eterna mirada a lo lejos, ni ese evento del recorrido. No notas el camino hacia la ausencia, en instantáneo trayecto.

En el mismo momento que te fuiste, no supe más que soñar en el regreso. Nadie está cerca. Sólo hay distancias pequeñas.

Sólo hay una piel, que limita.

martes, febrero 24, 2009

¿QUÉ SE AMA CUANDO SE AMA?

Salomè con la testa del Battista (Tiziano Vecellio, c.ca 1515)

lunes, febrero 16, 2009

EXCURSIÓN DENTRO DE LA FILOSOFÍA

Edward Hopper, 1959
lllllllllllll
No soy yo
el que te mira
lllllllll
ama
lllllllll
deja sola.

miércoles, febrero 11, 2009

ÚLTIMAS LECTURAS


Feria NOMADE, Villavicencio 323 (Febrero, 2009)


Los Desconocidos de Siempre, Bar Estación Terminal (Febrero, 2009)


Descentralización Poética, San Bernardo (Enero, 2009)